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Le cerraron el micrófono a Lao: la censura del poder mediático en Colombia

Por: Joaquín Baena ArévaloDirector de la Fundación Internacional de Investigaciones y Estudios Latinoamericanos -Serie: Filosofía y política del desencanto

En Colombia, la libertad de prensa se ha convertido en un estandarte que algunos esgrimen con orgullo, mientras por debajo de la mesa manipulan, silencian y excluyen voces que incomodan.

El caso de Lao Herrera, periodista barranquillero de trayectoria, despedido recientemente de RCN, no es un hecho aislado: es el síntoma visible de una estrategia sistemática de control narrativo impuesta por el viejo poder económico y mediático que domina el país.Lao no respondió al libreto.

No se alineó con el discurso único que busca limpiar la imagen del expresidente Álvaro Uribe Vélez, un personaje que divide, que enfrenta a la justicia, y que representa para muchos el rostro más crudo del poder político y paramilitar en Colombia.

Lao no gritó junto a la jauría que quiere despedazar el aparato judicial. Su voz crítica, su análisis reflexivo, su compromiso con una ética periodística auténtica, fueron motivos suficientes para que le cerraran el micrófono.

RCN, conglomerado de medios de la familia Ardila Lülle, ha demostrado que su aparente pluralismo es solo fachada. En sus redacciones y cabinas no hay espacio para la disidencia; todo debe estar en sintonía: radio y televisión al servicio de una narrativa única que protege los intereses de quienes no toleran el disenso. La desvinculación de Lao Herrera no es una decisión administrativa cualquiera. Es una represalia ideológica.

Un acto de censura disfrazado de reorganización laboral

Mientras los grandes medios proclaman libertad de expresión, persiguen y castigan a quienes hacen uso de ella de forma genuina.

Lao no calló, y por eso lo callaron. Pero en un país donde el periodismo ha sido muchas veces cómplice del poder, necesitamos más voces como la de él: que incomoden, que denuncien, que no teman señalar lo que otros ocultan.

El periodismo no puede seguir siendo la prolongación mediática de los intereses empresariales y políticos. Urge una rebelión ética desde las bases, desde las redacciones independientes, desde las redes sociales. Porque el silencio impuesto a Lao no es solo contra él: es un mensaje de advertencia para todos los periodistas que aún creen que informar es más importante que complacer.

La justicia no se defiende desde los micrófonos de los poderosos, se defiende con verdad, con independencia y con valor. Lao Herrera eligió la dignidad antes que la comodidad. Y por eso hoy, mientras el viejo poder intenta apagar su voz, muchos la amplificamos.

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