Barranquilla enfrenta una disputa legal y mediática por uno de sus proyectos turísticos más ambiciosos: la noria gigante anunciada por la Alcaldía como “La Luna del Río”. Mientras el empresario barranquillero Samuel David Tcherassi exige detener lo que califica como una “usurpación” de su obra, el Distrito continúa impulsando la atracción como pieza clave en la transformación urbana del Gran Malecón.
El 14 de noviembre, Tcherassi envió un comunicado y una orden formal de cese y desistimiento al alcalde Alejandro Char, a la Alcaldía, a Puerta de Oro y a la firma italiana Fabbri Group. En el documento sostiene ser el titular exclusivo de las marcas “Luna”, “Luna de Barranquilla” y “Luna Park”, registradas ante la Superintendencia de Industria y Comercio, así como de los derechos de autor del proyecto que concibió desde 2018 bajo el nombre “Luna Entertainment Park: Un tributo a la Luna de Barranquilla”. El empresario afirma que la administración replicó y divulgó su propuesta sin autorización, institucionalizándola como propia, incluso mediante publicaciones oficiales.
El requerimiento, cuyo plazo vence el 20 de noviembre, exige suspender la construcción, promoción y divulgación del proyecto, eliminar contenidos y emitir un pronunciamiento público. “Todos en Barranquilla saben quién creó este proyecto y saben que está protegido. Lo que ha ocurrido es inaceptable”, expresó Tcherassi, advirtiendo acciones civiles, penales y disciplinarias en caso de incumplimiento. No obstante, la Alcaldía mantiene el cronograma de obra y la expectativa de inaugurarla en diciembre como nueva atracción turística del Gran Malecón.
Hasta ahora no existe una respuesta oficial del Distrito frente a la reclamación. El alcalde Alejandro Char ha continuado promoviendo la noria como un “sueño personal”, destacando que la estructura —de 65 metros, con 44 cabinas climatizadas y fabricada en Italia— podría atraer entre 300.000 y 400.000 visitantes al año. Puerta de Oro y Fabbri Group han divulgado información técnica sobre el diseño y estándares de seguridad, sin pronunciarse sobre la controversia, que surgió después de adjudicado el proyecto.

Según Tcherassi, en 2019 presentó la propuesta a la Alcaldía y vinculó a Fabbri y Puerta de Oro en un marco de confianza, pero tras la liquidación del contrato durante la pandemia, la administración adjudicó nuevamente el proyecto en 2024 directamente al fabricante italiano, excluyéndolo por completo. El empresario sostiene que el uso del nombre “Luna de Barranquilla” —marca registrada— y de elementos creativos protegidos podría configurar usurpación marcaria, violación de derechos de autor y competencia desleal. Expertos consultados señalan que, si la titularidad es comprobada, la demanda podría tener posibilidades, aunque la Alcaldía podría argumentar que una rueda turística no es una idea exclusiva. El caso abre además un debate sobre posibles responsabilidades institucionales por el uso de recursos públicos en obras que, de confirmarse, tendrían derechos privados asociados.
